miércoles, 19 de agosto de 2009

El ministro como atleta disciplinado (2Tim.2:5)

Todo deportista compite porque tiene en mente llegar a la meta y si es posible, ganar la medalla. En el fútbol de nada sirve solo jugar con la pelota si no hay goles que se meten en el arco contrario. De un barco que sale a la mar se espera que no solamente salga bien del puerto de partida, sino que también llegue bien al puerto de destino.

La vida cristiana se compara con una carrera que debemos correr. Pero no solo se espera que corramos, sino que lleguemos bien al final.[leer+]

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